274180862 10160518798596318 3554556718334393128 nCruzamos la frontera sin más trámite que pagar la tasa del coche.

Los primeros metros, entre la entrada de unos y la salida de otros, están llenos de tiendas que exhiben sus productos, esperando cruzar al país vecino en busca de nuevos caminos. Ambos países comparten moneda, paisaje y color de piel aunque en Eswatini, la antigua Swaziland, se percibe una calma distinta, quizás heredada de haber conservado su propia historia sin haber sido colonizada totalmente.
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Apenas cruzas el umbral de Hlane Royal National Park te recibe un silencio profundo, que sorprende porque ya no estamos acostumbrados a escucharlo. No hay electricidad ni luces artificiales; al caer la noche se encienden los farolillos de gas que envuelven tenuemente el campamento. Tampoco hay señales en los caminos, solo pistas de tierras que se pierden entre los árboles y la sensación de estar cada vez más cerca de lo esencial.
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Los hipopótamos resoplan y se hunden lentamente en la charca frente al campamento, como si custodiaran la calma del lugar. Al atardecer, mientras la sábana se tiñe de rojo, dos rinocerontes blancos pastan la hierba como dos enormes máquinas cortacésped que recorren el claro en silencio. Mientras el paisaje despierta, un par de leones respiran tranquilo y miran sin prisa como nace el día. Desde la camioneta me nace la sensación de observar algo que pertenece al principio de todas las cosas.
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Tras la cena un grupo de mujeres swazi bailan alrededor del fuego. Sus voces se elevan profundas y rítmicas, acompañadas por el golpe lento de los tambores y el sonido seco de sus pies contra la tierra. A veces los cantos se vuelven casi animales, como si imitaran a la sabana que nos rodea. Una de ellas me tiende la mano y salgo a bailar con una fuerza recién despertada. Poco a poco entro en una especie de trance, moviéndome sin pensar, como si el cuerpo recordara algo antiguo y no quisiera detenerse. Y en el abrazo final, entre risas y respiración agitada, una pequeña luz se enciende por dentro, susurrando con suavidad… es por aquí.
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